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Noticia ampliada
La inflexibilidad de la demanda y la escasez hídrica podrían aumentar el riesgo de las cuencas hídricas
Fecha: 119 días 6 horas

Casi un 20 % de la población mundial vive en una cuenca hidrográfica con estrés hídrico, donde el próximo fenómeno extremo debido al cambio climático puede poner en peligro la disponibilidad de recursos hídricos para la agricultura, la industria, o la vida misma, según un artículo publicado en Nature Sustainability por investigadores de la Universidad de California en Irvine (UCI).

Los autores del estudio analizaron la evolución del uso del agua a nivel global desde 1980 a 2016, prestando especial atención a lo que denominan el consumo no flexible, aquel cuya restricción tendría consecuencias importantes a nivel económico y social. Dichos usos incluyen los cultivos perennes, la refrigeración de centrales térmicas, el almacenamiento de agua en embalses, y el abastecimiento para uso municipal y ganadero.

Los estudios de escasez de agua suelen examinar la proporción de los recursos disponibles que se consumen, pero no tienen en cuenta que algunos usos son más flexibles o productivos que otros. Al analizar a qué usos se destina el agua, se puede ver qué parte del recurso es imprescindible y si hay margen para conservar agua  en determinados usos.

Los investigadores han elaborado un índice de estrés hídrico que tiene en cuenta la escasez de agua y su variabilidad (como aportación anual ponderada por la capacidad de embalse), así como la flexibilidad de la demanda, a nivel global. Se han evaluado cuencas en todos los continentes, y encontrado muchos puntos conflictivos, donde una sequía o una ola de calor podría afectar a las reservas disponibles, así como muchas oportunidades de conservar recursos mediante nuevas tecnologías y una mejor gestión.

Según el estudio, el 10 % de las cuencas con mayor estrés albergan el 19 % de la población mundial, el 19 % de la generación eléctrica por centrales térmicas y el 35 % de la producción agrícola de regadío. Asia, y Norteamérica en menor grado, son especialmente vulnerables a sequías y olas de calor debido a un alto índice de estrés y albergar una mayor población, mayor carga ganadera, tener una mayor capacidad de embalse, de generación eléctrica y producción agrícola de regadío.

Al examinar la productividad y la flexibilidad de los usos del agua en determinadas cuencas, los investigadores han identificado oportunidades para conservar recursos y crear resiliencia antes los riesgos que supone el cambio climático.

Fuente: iAgua.